La trayectoria de una bala*

Mohammed“Odio mi vida”, es la frase tatuada en el brazo de Mohamed, un joven chií de 21 años. Su día a día en Sidón, ciudad de mayoría suní, es una rutina de callejeo cuando no se dedica a conducir un taxi que recientemente ha estampado mientras manejaba borracho. Pese a que su religión le prohíbe beber, el alcohol le hace entrar en calor, explica avergonzado. De momento, es lo único de lo que se preocupa: “Mira, soy chií, no puedo viajar, no nos dan visado para ir a trabajar por ejemplo a Catar o Arabia Saudí”.

Mohamed sigue quejándose mientras observa los movimientos de un destacamento del Ejército a través de una ventana resquebrajada por varios balazos. Ni él ni los hermanos Ali, de 19 años, y Hasan, de 17, recordaban haber vivido jamás algo como el tiroteo que la noche anterior acabó con la vida de tres personas en la tranquila Sidón, al sur del país. Dos guardaespaldas del último líder mediático salafista, Ahmad al Assir, murieron en un enfrentamiento armado entre milicianos de Hezbollah y seguidores del jeque en el barrio de Al Tameer, junto al campo de refugiados palestinos de Ain el Hilweh, el mayor en Líbano. La tercera víctima, un joven egipcio de 16 años, solo andaba por la calle en un mal momento.

Los agujeros que se repiten en las cristaleras de la casa marcan el recorrido de las balas. Desde la ventana del balcón, atraviesan el tabique sobre la foto del padre de ambos jóvenes, fallecido hace años, y van a parar a la terraza del otro extremo del salón. “Fuimos arrastrándonos por el suelo hasta la habitación”, explica el mayor de los hermanos mientras escenifica la pantomima delante de un café. Su madre ha cogido los bártulos y les ha dejado solos en casa, al menos por esa noche. El miedo se la ha llevado ante la amenaza de que regresen los salafistas. Ellos se han quedado a pasar la tarde: “Solo tenemos miedo a Ala”.

[Lee el reportaje Aquí la guerra es cosa común, en Domingo-El Universal]

*[A los periodistas a veces nos pasa que se nos quedan cosas en el tintero, por falta de lo que sea. Pasa el tiempo y caducan las historias, pese a que algunas resulten imperecederas más allá de su actualidad. Este post inaugura una nueva sección que acoge esas palabras para las que no quedan sitio].

Acerca de ljvaro

Tengo escritos tantos primeros párrafos que me faltan historias para publicarlos.

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