Los idiomas de Sarouj

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Abu Ibrahim Sarouj tiene una de esas barbas de mil colores que esconde una sonrisa que habla cualquier idioma. “Sé algunas palabras de muchas lenguas, solo que del árabe sé más”, se jacta tras una breve charla de saludo en español. El septuagenario clérigo ortodoxo regenta una sui generis librería, en Líbano, donde atesora casi 80.000 volúmenes apilados en un edificio que se cae a pedazos. El interior de la Librería del Viajero parece un laberinto de estanterías combadas, montañas de revistas y fascículos a ras de suelo y columnas que nacen en sillas. “Vamos al jardín”, dice.

Para bucear por esa especie de anticuario es mejor acudir sin buscar nada en especial. Sarouj no guarda ningún ejemplar del Quijote, por ejemplo, pero sí una antología sobre la literatura femenina española. El castellano es solo uno más de los idiomas, el resto de los volúmenes hablan en árabefrancésalemáninglésarameogriegofarsi, y así hasta que el librero pierde la cuenta. “Creo que el más antiguo es del siglo XVIII, pero no podría decirlo”, asegura.

El padre Ibrahim nació en algún lugar de Siria de cuyo nombre no quiere acordarse, probablemente porque ha pasado toda su vida en la capital del norte libanés. Su pasión por los libros se remonta a su adolescencia, el síndrome de Diógenes literario le asaltó hace solo 40 años. “Estoy enfermo desde que era joven”, reconoce, “compraba libros viejos a peniques y mi hermano me los robaba para venderlos en Estados Unidos cuando se fue a estudiar”.

Cuando tomó el mando de una de las diócesis sirianas en Trípoli decidió empezar a almacenar ejemplares en un edificio en ruinas. Las paredes donde ramas y raíces anidan a su antojo datan de la época mameluca, cuando Líbano pertenecía al Imperio Otomano. “Solo queda mi librería”, cuenta, “están tratando de echarme, hasta he comprado otro local, pero no me voy”.

A sus 70 años le gustan las cosas con historia. Y le gusta Trípoli. “Dicen que esta es una ciudad pobre y demasiado musulmana”, se queja, “yo soy uno más, la gente acude a mí, soy como un sheij musulmán”. Pese al nombre de la librería, no recibe todas las visitas que quisiera y le echa la culpa al Gobierno. Si regentase un pub en Al Mina, la zona cristiana, asegura que no tendría tantos problemas.

Pero Abu Ibrahim, o el padre Sarouj, es un hombre de fe. “Saeh [el nombre en árabe] significa viajero, turista, pero también peregrino”, apunta tras aleccionar a un joven sirio sobre el error de comprar un evangelio escrito en árabe: “Hay que leerlos en griego, los escritos en árabe están falsificados, y en arameo solo es original el de Mateo”. Por eso sabe el padre tantas lenguas, para no equivocarse con lo que ofrece.

[Publicado en El Viajero > El País]

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Acerca de ljvaro

Tengo escritos tantos primeros párrafos que me faltan historias para publicarlos.

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