BBC reporting

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Sidón es tierra de bodas. Lejos del zoco de la medina antigua, con sus callejones restaurados o no, sus puestos de especias, de frutas, de artesanía, de ropa con lentejuelas y lencería china; sus mezquitas escondidas, sus escuelas, sus iglesias; lejos de las fotos que registran las cámaras de los turistas que hace años abarrotaban sus playas, están las calles repletas de tiendas de ornamentos florales que ofrecen inagotables servicios de wedding planing.

Y aquí, la gente se casa a lo grande, al menos una vez al año. Lo hacen para evitar la crisis, para darse publicidad y para tender puentes. Es como reinventarse tras una ruptura. En este caso, como en todo Líbano, la ruptura es la guerra. Da igual dónde, en Líbano, en Siria o en Palestina. Este país está siempre en guerra.

Hace años, antes de la guerra civil o antes de la guerra de 2006, los resorts que salpican la costa mediterránea desde Beirut hasta este pueblo sureño, en territorio de Hezbollah, se permitían el lujo de cobrar a los turistas y beirutíes por acceder a su trocito de playa. Aquí todo se consigue pagando, hasta el mar. Ahora, se han reconvertido en el lugar-ideal-para-celebrar-tu-boda-frente-al-mar.

El estadio en el que se celebran, desde 2007, las bodas masivas anuales de libaneses y palestinos lleva el nombre de un primer ministro muerto. Rafiq Hariri nació en Sidón y fue asesinado en 2005 a la salida de la mezquita en Beirut por miembros de Hezbollah. Poco después, Israel atacó la región sur en un enfrentamiento contra la milicia y ahora la ciudad acoge cada año una boda colectiva en la que participan también refugiados palestinos de los campos que rodean la ciudad. Así se integran, porque los palestinos no pueden trabajar en Líbano, no pueden estudiar en Líbano, no pueden hacer nada en Líbano porque no son ciudadanos. Son, simplemente, los culpables de la(s) guerra(s). Solo pueden casarse.

Las refugiadas sirias también pueden casarse. Para ellas, sin embargo, es algo distinto. Son más bien un botín de guerra. ‘Tú te exilias, yo te pongo a limpiar para protegerte’.

Guerra y bodas; amor y odio. Es solo uno más de los contrastes en un lugar donde los árboles son demasiado bajos y los edificios demasiado altos como para andar por la calle con la cabeza alta.

Acerca de ljvaro

Tengo escritos tantos primeros párrafos que me faltan historias para publicarlos.

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