Salmorejo con otro toque

"Ya 'casi' es primavera" en El Corte Inglés.

Caracol, col, col, saca los tomates y ponte al sol. Comienza a acercarse la primavera, según anuncia El Corte Inglés, que ya no espera ni a tener el eslogan de siempre para vender la nueva temporada. So, ante la sequía creativa que me ronda desde hace unas semanas he decidido dar a luz, no mi receta [porque esta es más o menos universal], sino mi método para hacer salmorejo, ese puré frío de tomate que se puso tan de moda en Madrid que había guiris y nacionales que ya no recordaban que es un plato andaluz que le está costando la amistad a cordobeses y antequeranos [que, que, que… que horror de frase]. De modo que para evitar dejarnos ocho euros en la Ardosa o probar uno aguado en Los Olvidados o, simplemente, tomarnos una buena ración en casa [en Canarias aún no he encontrado donde lo sirvan], aquí está lo que denomino “uno de los platos más fáciles del mundo”.

Hay dos claves para que salga bien. La materia prima y el equilibrio en los ingredientes. Con la primera no vamos bien, ya que aún hace frío para la temporada del tomate. Eso se compensa con el contrato de la UE con Marruecos para la importación de hortalizas. La segunda requiere una desarrollada técnica de ir-metiendo-la-cucharilla-hasta-que-nos-guste-el-sabor.

He preparado salmorejo en varias ocasiones y cada vez que comentas que te sale rico una ola de euforia recorre el ánimo de tus amigos/invitados. La primera vez fue, como casi todo, sola en casa. Las siguientes ya fueron, como casi siempre, para otros: en Madrid, en Tenerife [de resaca y sin dormir], en Barcelona [para agasajar a mis anfitriones], en Las Palmas [donde me salió demasiado salado, pero creo que porque tuve que pedir la batidora prestada; ¿o serían los tomates? Ya se sabe, la materia prima].

[PS_Siento no poder mostrar imágenes de mi propio plato, pero las tenía en el móvil y, lamentablemente lo dejé en Madrid con parte de mi vergüenza, mi dignidad y mi, por qué no, mala racha.]

Para dos/cuatro personas [depende del tamaño de la ración] (2 o 3 eurillos si se tienen ingredientes en casa)

Salmorejo robado de Google.

– Ocho tomates rojos maduros [preferiblemente pequeños, los grandes suelen engañar _como todo_ muy llamativos pero no están muy sabrosos]
– Medio diente de ajo
– Una barra de pan, preferiblemente con miga y con corteza crujiente. Yo prefiero las baguetinas al pan de leña o rústico, que te deja una textura más gruesa.
– Aceite de oliva virgen extra, sal, vinagre de jerez

– Para el topping: Huevo duro, jamón o atún.

– Opcional: Comino y pistachos [ya descubriréis al final].

Empezamos…

Bien, la cosa es bastante, bastante sencilla, pero conforme vamos mezclando hay que ir poco a poco pendientes del sabor, así que con cariño. Primero se pelan los tomates y se les quita [obviamente] el talle y se cortan en trozos. A la batidora. Añadimos un chorreón de aceite, no demasiado abundante, más bien como si fuera una ensalada [a mi personalmente me mata un poco el sabor tan fuerte]. Salamos ligeramente [no demasiado] y echamos un buen chorreón de vinagre y el ajo, al que es importante quitar el brote de dentro para que no repita. Batimos. Y probamos para corregir de sal, o de aceite, o de vinagre, teniendo en cuenta que la sal y el vinagre se suavizan con el aceite y si está muy flojo de sabor, yo prefiero añadir un poco más de vinagre que de sal.

A continuación se corta el pan en rebanadas y se van introduciendo en la batidora. Generalmente pocos tenemos en casa una megamáquina para preparar comida de rancho, de modo que lo más probable es que se tenga que triturar el mejunje en dos tandas. Si es así, lo mejor es sacar la mitad del puré de tomate y reservar. Mezclar con la mitad del pan y repetir la operación para después poner todo junto y terminar de ajustar el sabor.

Es imprescindible batirlo muy, muy bien, para que no queden grumos y la textura sea suaaaaaaaaave, que es otro de los puntos fuertes de la receta.

Consejos, tropezones y fusión

Cuando ya lo tengamos, el puré debe dejarse a reposar en la nevera para servirlo frío. Lo típico es ponerle luego tropezones de huevo duro, jamón serrano o atún, siempre picadito, pero también se puede innovar echando, por ejemplo, frutos secos. Otro truco es utilizar, en lugar del aceite de oliva, algún aceite aromatizado o añadir una pizquita de orégano o albahaca a la receta.

Algo muy chic es utilizar el jamón de toda la vida pero, en lugar de servirlo en taquitos, coronar la crema con un crujiente de jamón, ya sea en lonchas o espolvoreado, jejejeje. Para ello no hay más que meter las lonchas en el horno o el grill del micro hasta que se doren y se queden tiesas. Después, o se sirven clavaditas sobre el salmorejo, formando una pequeña torre, o se trituran para hacer un polvo que se asimile a una especia con la que sazonar el plato [esto último se puede exportar a otros aliños, ;P]

Yo, personalmente, me inclino por servirlo con un toquecillo de comino y un topping de pistachos, que es más así, como de la tierra,😛.

Acerca de ljvaro

Tengo escritos tantos primeros párrafos que me faltan historias para publicarlos.

  1. Querida compañera y sin embargo amiga. Subir un post hablando acerca de un manjar tan exquisito como es el salmorejo a las 13.30 es… ¡¡¡UNA CRUELDAD!!! Dicho esto, te felicito por el post y te doy el pésame por tu dignidad y tu móvil.

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